De raíz
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| Foto por F Delventhal |
Es el resentimiento lo que lleva a Críspulo a tomar una determinación, de la que se arrepentirá toda la vida. Agarra la llave de paso del canal y le da vueltas, hasta que un torrente de aguas revueltas fluye desbocado. Luego, no se detiene a ver cómo las aguas empantanan la reciente plantación de aguacates.
No tarda demasiado en desbocarse el agua ladera abajo, ni en convertirse en pista deslizante la carretera que baja hasta el pueblo. Hace un rato que pasó por ahí Críspulo, escopetado en su Citröen C5. Ahora bebe, como si nada, una cerveza en el bar: «Anda y ponte una tapilla, Rafael, que me tienes abandonao». Lo que no abandonará ya a Críspulo, poco después, es el sentido de culpa.
«Padre, déjeme las llaves de la furgoneta, que voy a un mandao de madre». Sale del bar la hija de Críspulo y remonta, en la C5, la carretera que le dicen del olivar.
Andan contrariados algunos en el pueblo, pues, por plantar aguacates, otros arrancaron sus olivos. Arrancadas de raíz están a punto de quedar también un alma vieja y una vida joven: la de Críspulo y la de su hija, en la curva de la carretera enlodazada…






Comentarios
Muy bueno. Un abrazo Miguel
Pero en cualquier caso, gracias, Loles. Un abrazo.
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