Y los bares, ¡cómo los detestas!, atestados de gente prendida y prendada de una colección de botellines Mahou, y esa última aceituna provocándote desde su platillo, cuando no un torrezno, o una croqueta rebozada en pringue, y tú abriéndote hueco hasta la barra entre dos flacas desdeñosas y otra rebosada de carnes que, con su seno maternal, te acaricia, todo tan romántico, ¿me pones un Trina de naranja?, si está frío, no le eches hielo, necesitas aferrarte a ese Trina como a su tablón un náufrago, lo siento, no me queda Trina, pues entonces un Aquarius, ¿de naranja?, no, normal, ¿qué? ¡NOOORMAL!, ¿me puedes quitar el hielo? —¿será subnormal?—, te vuelves a rozar con la gorda, ¿pero dónde vas con esa mierda?, anda y tómate una cervecita, no nos seas maricón, es que no bebo, soy alcohólico anónimo y no me conviene, pero qué necesidad tienes de inventar ni de dar explicaciones, ni a Dios ni a nadie, y la montonera de abrigos deslizándose hacia el suelo alfombrado de papeles con regusto a gamba y pintalabios, y sobre todo las conversaciones que no alcanzas a escuchar y que ni te interesan, tan poco como tus elucubraciones a todos esos conocidos, decir amigos sería demasiado, que sólo saben hablar de fútbol y de follar, también de carreras de motos, y que terminan siempre por darte la espalda, los muy hijos de puta, qué poca educación, pero qué mierda de gente y de todo, de fiestas, de bares, de verbenas y de muñecas chochonas, y hasta de ti mismo, por lo cansino e insoportable que resultas siempre a todo el mundo, ¿qué cojones estás haciendo aquí?, con la de plancha que te espera en casa y lo que tienes que estudiar...
Comentarios
Sí que es un drama odiar lo que hace la mayoría y seguirles la corriente. Lo de cansino...empate a uno!
Qué bien recreado está el bar, casi percibo el ruido y el olor. Muy bueno lo del pintalabios. Un abrazo Miguel
Publicar un comentario